Informe sobre la epidemia mundial de SIDA 2004
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Con motivo de la celebración bienal de la Conferencia Internacional sobre el SIDA, el presente informe mundial compendia cada dos años los conocimientos actuales sobre el estado de la epidemia, basados en las aportaciones del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA), que reúne nueve organizaciones del sistema de las Naciones Unidas. Su lectura invita a la reflexión.
Lejos de estabilizarse, en muchos de países de África subsahariana las tasas de infección continúan creciendo. Efectivamente, sólo en 2003, se estima que otros tres millones de personas se infectaron en la región. Más alarmante aún es el hecho de que las nuevas epidemias parecen ir avanzando sin obstáculos en otras regiones, en particular Europa oriental y Asia.
Diversos países de Europa oriental y Asia oriental presentan ahora la epidemia de VIH de crecimiento más rápido en el mundo. Preocupan particularmente China, la India e Indonesia, todos ellos países vastos y muy poblados. En ellos, la prevalencia general del VIH es baja, pero este hecho oculta graves epidemias en pleno avance en determinadas provincias, territorios y estados.
El SIDA es la epidemia más globalizada de la historia, y estamos siendo testigos de su progresiva «feminización». Cada año el número de mujeres infectadas por el VIH va en aumento. En todo el mundo, cerca de la mitad de todas las personas infectadas de 15 a 49 años de edad son mujeres. En África, esta proporción está alcanzando el 60%. Como consecuencia de las desigualdades por razón de sexo, las mujeres que viven con el VIH o con SIDA sufren generalmente mayor estigma y discriminación.
Sin embargo, el problema del SIDA tiene solución. Como se indica en el informe, sabemos qué estrategias funcionan: a nivel local, nacional y mundial se están desarrollando enfoques satisfactorios. Esos enfoques han encontrado la ayuda de un impulso creciente del liderazgo político internacional, de los programas en los lugares de trabajo de las empresas, y de la movilización dinámica de las propias comunidades afectadas: un elemento fundamental que permanece en el centro de nuestra respuesta mundial.
Una buena noticia es que el mundo está aumentando de forma sustancial su compromiso y sus recursos. Sin embargo, al mismo tiempo que crece el número de gobiernos, instituciones financieras y asociados que responden al SIDA, se constata la necesidad urgente de proporcionar mayor apoyo a los países más afectados, así como de colaborar con ellos. También es necesario evitar la duplicación y fragmentación de recursos. Partiendo de los compromisos contraídos por los principales donantes en abril de 2004, no solo se debe captar más recursos, sino velar por que éstos se utilizan acertadamente para ayudar a los países a establecer estrategias sostenibles y eficaces contra el SIDA. Particularmente, es necesario unir fuerzas para ayudarlos a fortalecer su capacidad de poner en práctica dichas estrategias.
Un avance especialmente esperanzador es el hecho de que el mundo reconoce cada vez más la necesidad de mejorar el acceso al tratamiento antirretrovírico para todas las personas infectadas por el VIH, independientemente del país en el que vivan. El tratamiento debe situarse en el centro de todas las estrategias integrales contra el SIDA. No obstante, la prevención tiene similar importancia. No debemos perder nunca de vista que, ante todo, hay que hacer cuanto esté al alcance para evitar que las personas se infecten.
Más de 20 años de SIDA nos aportan pruebas convincentes de que, a menos que actuemos inme- diatamente, lo acabaremos pagando: un mensaje incisivo para los países de Asia y el Pacífico. El SIDA exige que hagamos las cosas de otro modo; no sólo necesitamos hacer más y hacerlo mejor, sino que debemos ajustar nuestras respuestas personales e institucionales a la amenaza mundial realmente excepcional para la seguridad y la estabilidad.
El SIDA estará con nosotros probablemente durante mucho tiempo, pero el alcance de su propagación y del daño que provoque está enteramente en las manos de todos.
Lejos de estabilizarse, en muchos de países de África subsahariana las tasas de infección continúan creciendo. Efectivamente, sólo en 2003, se estima que otros tres millones de personas se infectaron en la región. Más alarmante aún es el hecho de que las nuevas epidemias parecen ir avanzando sin obstáculos en otras regiones, en particular Europa oriental y Asia.
Diversos países de Europa oriental y Asia oriental presentan ahora la epidemia de VIH de crecimiento más rápido en el mundo. Preocupan particularmente China, la India e Indonesia, todos ellos países vastos y muy poblados. En ellos, la prevalencia general del VIH es baja, pero este hecho oculta graves epidemias en pleno avance en determinadas provincias, territorios y estados.
El SIDA es la epidemia más globalizada de la historia, y estamos siendo testigos de su progresiva «feminización». Cada año el número de mujeres infectadas por el VIH va en aumento. En todo el mundo, cerca de la mitad de todas las personas infectadas de 15 a 49 años de edad son mujeres. En África, esta proporción está alcanzando el 60%. Como consecuencia de las desigualdades por razón de sexo, las mujeres que viven con el VIH o con SIDA sufren generalmente mayor estigma y discriminación.
Sin embargo, el problema del SIDA tiene solución. Como se indica en el informe, sabemos qué estrategias funcionan: a nivel local, nacional y mundial se están desarrollando enfoques satisfactorios. Esos enfoques han encontrado la ayuda de un impulso creciente del liderazgo político internacional, de los programas en los lugares de trabajo de las empresas, y de la movilización dinámica de las propias comunidades afectadas: un elemento fundamental que permanece en el centro de nuestra respuesta mundial.
Una buena noticia es que el mundo está aumentando de forma sustancial su compromiso y sus recursos. Sin embargo, al mismo tiempo que crece el número de gobiernos, instituciones financieras y asociados que responden al SIDA, se constata la necesidad urgente de proporcionar mayor apoyo a los países más afectados, así como de colaborar con ellos. También es necesario evitar la duplicación y fragmentación de recursos. Partiendo de los compromisos contraídos por los principales donantes en abril de 2004, no solo se debe captar más recursos, sino velar por que éstos se utilizan acertadamente para ayudar a los países a establecer estrategias sostenibles y eficaces contra el SIDA. Particularmente, es necesario unir fuerzas para ayudarlos a fortalecer su capacidad de poner en práctica dichas estrategias.
Un avance especialmente esperanzador es el hecho de que el mundo reconoce cada vez más la necesidad de mejorar el acceso al tratamiento antirretrovírico para todas las personas infectadas por el VIH, independientemente del país en el que vivan. El tratamiento debe situarse en el centro de todas las estrategias integrales contra el SIDA. No obstante, la prevención tiene similar importancia. No debemos perder nunca de vista que, ante todo, hay que hacer cuanto esté al alcance para evitar que las personas se infecten.
Más de 20 años de SIDA nos aportan pruebas convincentes de que, a menos que actuemos inme- diatamente, lo acabaremos pagando: un mensaje incisivo para los países de Asia y el Pacífico. El SIDA exige que hagamos las cosas de otro modo; no sólo necesitamos hacer más y hacerlo mejor, sino que debemos ajustar nuestras respuestas personales e institucionales a la amenaza mundial realmente excepcional para la seguridad y la estabilidad.
El SIDA estará con nosotros probablemente durante mucho tiempo, pero el alcance de su propagación y del daño que provoque está enteramente en las manos de todos.
Languages
Español, Inglés, Francés y Ruso
Number of Pages
21
Source
Página web de
UNAIDS.
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